De manos de
Edmund Burke y Thomas Macaulay se ha heredado la expresión cuarto poder para retratar la soberanía que ganó el Periodismo allá
por el siglo XVIII. Había tenido lugar la Revolución Francesa, emblema de las
libertades de los ciudadanos; ganaba la
opinión pública: el acceder a la información ya no era un privilegio de unos
pocos. A la misma altura de la justicia y el poder político y económico se
encontraba, pues, el periodismo.
Pero
atrás ha quedado esa visión rudimentaria y encasillada. Las cosas han cambiado.
Y mucho. En años, décadas y siglos; y hasta la consideración del Periodismo
como tal ha quedado en entredicho. La revolución tecnológica y el propio
devenir de la historia han marcado el camino de esta profesión. Ha tenido que adaptarse a los tiempos y reinventarse, a la vez que
la voz de los ciudadanos ha ganado presencia y el papel que desarrollan hoy era
impensable allá en el siglo XVIII. No sólo marcan el clima de opinión: son los
verdaderos protagonistas en un escenario complejo, que cada día tiene más
jugadores en el campo.
"El fin del poder cambiará su manera de ver las noticias, de entender la política y de ver el mundo" (Bill Clinton)
Ahora el
Periodismo llega a millones de personas y no sólo a través de la radio, la
prensa y la televisión. El denominador común es la red de redes: escuchamos la
radio por Internet, leemos periódicos a través de una pantalla y la televisión por
streaming. Nosotros podemos participar, no somos meros oyentes, lectores o
televidentes. Esta ventana al mundo se ha convertido es un escaparate para la
crítica, la discusión, la comunicación,
la generación de contenidos, las relaciones, el compartir fotografías, vídeos y
otros formatos… La red está presente en nuestras vidas. Es inevitable.
“Internet es el tejido de nuestras vidas en este momento. No es futuro. Es presente. Internet es un medio para todo, que interactúa con el conjunto de la sociedad” (Manuel Castells)
Frente a los
medios tradicionales o medios de comunicación de masas, la web y los soportes
digitales suponen una oportunidad para que nosotros, los usuarios, participemos. ¿Será este el culmen de la democratización de los medios y la
profesión periodística? ¿Cómo afecta esto a nuestra labor?
“El espectro de las nuevas tecnologías recorre el mundo concitando temores y alumbrando esperanzas” (Manuel Castells)
El quinto
poder, como se denomina a la escena en la que los ciudadanos se mueven,
escriben, graban vídeos, comentan y comparten, prácticamente, cualquier
cosa, ha entrado en acción. Ya a principios del año dos mil se empieza a
hablar de este nuevo eslabón. Comprende la web 2.0, la abanderada de la
interactividad y la creación de contenidos. Herramientas como los blog (en la
ya conocida como blogosfera), las
wikis o las redes sociales son las puertas de entrada de la participación
ciudadana.
No podemos
tapar el sol con un dedo. Los periodistas caemos en la tentación y mentiríamos si
dijéramos que no acudimos a esas herramientas en busca de información. No hemos
de dejar de reconocer que son útiles por el jugo que se les puede sacar, aunque
es un arma de doble filo. Por tanto, ¿se les pueden considerar como
fuentes directas o primarias? Aunque las posibilidades de acceso a la
información son amplias, inmediatas y diversas, el rigor y la investigación
periodística deben seguir en pie, más aún sabiendo que en la red se ha
metido la pata más de una vez. Es obvio que este problema no es nuevo: una
fuente con mala fe siempre ha herido el trabajo periodístico; mentir, despistar
o crear confusión.
En la actualidad, la rapidez y el deseo de
tener determinada información el primero en la red se ha convertido en una constante, en una ansiedad
enfermiza por ofrecer la exclusiva y por ser exclusivo. Hemos de analizar y
reflexionar sobre cuáles son las consecuencias de todo ello, porque nuestra
firma, nuestro nombre y nuestra reputación se pueden ver tocadas a una
velocidad de vértigo. En la red es tarde para rectificar.
¿Qué tener en
cuenta en todo ello? Pues, a pesar de todas las facilidades y posibilidades que
hay para desarrollar nuestro trabajo, no dejemos a un lado investigar y
contrastar, la red es inmensa y nos da la oportunidad de acceder a la
información y el conocimiento; pero no ha de significar que el pensamiento
crítico y el buen hacer en esta profesión quede a un lado.
Defendemos un
medio de comunicación, pero por encima de todo, la ética y la profesionalidad
de un periodista. El quinto poder, el que está en manos del ciudadano, que
aporta su saber en la red, no está al margen. Sin embargo, al igual que
requiere respeto, está en nuestras manos hacer un buen uso y una crítica
constructiva. Con sólo el equilibrio de todos estos factores se podrá hablar de
democratización.
