sábado, 18 de enero de 2014

El Periodismo en manos del quinto poder


De manos de Edmund Burke y Thomas Macaulay se ha heredado la expresión cuarto poder para retratar la soberanía que ganó el Periodismo allá por el siglo XVIII. Había tenido lugar la Revolución Francesa, emblema de las libertades de los ciudadanos; ganaba  la opinión pública: el acceder a la información ya no era un privilegio de unos pocos. A la misma altura de la justicia y el poder político y económico se encontraba, pues, el periodismo.

                Pero atrás ha quedado esa visión rudimentaria y encasillada. Las cosas han cambiado. Y mucho. En años, décadas y siglos; y hasta la consideración del Periodismo como tal ha quedado en entredicho. La revolución tecnológica y el propio devenir de la historia han marcado el camino de esta profesión. Ha tenido que adaptarse a los tiempos y reinventarse, a la vez que la voz de los ciudadanos ha ganado presencia y el papel que desarrollan hoy era impensable allá en el siglo XVIII. No sólo marcan el clima de opinión: son los verdaderos protagonistas en un escenario complejo, que cada día tiene más jugadores en el campo.
"El fin del poder cambiará su manera de ver las noticias, de entender la política y de ver el mundo" (Bill Clinton)

Ahora el Periodismo llega a millones de personas y no sólo a través de la radio, la prensa y la televisión. El denominador común es la red de redes: escuchamos la radio por Internet, leemos periódicos a través de una pantalla y la televisión por streaming. Nosotros podemos participar, no somos meros oyentes, lectores o televidentes. Esta ventana al mundo se ha convertido es un escaparate para la crítica, la discusión,  la comunicación, la generación de contenidos, las relaciones, el compartir fotografías, vídeos y otros formatos… La red está presente en nuestras vidas. Es inevitable.

“Internet es el tejido de nuestras vidas en este momento. No es futuro. Es presente. Internet es un medio para todo, que interactúa con el conjunto de la sociedad” (Manuel Castells)

Frente a los medios tradicionales o medios de comunicación de masas, la web y los soportes digitales suponen una oportunidad para que nosotros, los usuarios, participemos. ¿Será este el culmen de la democratización de los medios y la profesión periodística? ¿Cómo afecta esto a nuestra labor?

“El espectro de las nuevas tecnologías recorre el mundo concitando temores y alumbrando esperanzas” (Manuel Castells)

El quinto poder, como se denomina a la escena en la que los ciudadanos se mueven, escriben, graban vídeos, comentan y comparten, prácticamente, cualquier cosa, ha entrado en acción. Ya a principios del año dos mil se empieza a hablar de este nuevo eslabón. Comprende la web 2.0, la abanderada de la interactividad y la creación de contenidos. Herramientas como los blog (en la ya conocida como blogosfera), las wikis o las redes sociales son las puertas de entrada de la participación ciudadana.

No podemos tapar el sol con un dedo. Los periodistas caemos en la tentación y mentiríamos si dijéramos que no acudimos a esas herramientas en busca de información. No hemos de dejar de reconocer que son útiles por el jugo que se les puede sacar, aunque es un arma de doble filo. Por tanto, ¿se les pueden considerar como fuentes directas o primarias? Aunque las posibilidades de acceso a la información son amplias, inmediatas y diversas, el rigor y la investigación periodística deben seguir en pie, más aún sabiendo que en la red se ha metido la pata más de una vez. Es obvio que este problema no es nuevo: una fuente con mala fe siempre ha herido el trabajo periodístico; mentir, despistar o crear confusión.

 En la actualidad, la rapidez y el deseo de tener determinada información el primero en la red se ha convertido en una constante, en una ansiedad enfermiza por ofrecer la exclusiva y por ser exclusivo. Hemos de analizar y reflexionar sobre cuáles son las consecuencias de todo ello, porque nuestra firma, nuestro nombre y nuestra reputación se pueden ver tocadas a una velocidad de vértigo. En la red es tarde para rectificar.

¿Qué tener en cuenta en todo ello? Pues, a pesar de todas las facilidades y posibilidades que hay para desarrollar nuestro trabajo, no dejemos a un lado investigar y contrastar, la red es inmensa y nos da la oportunidad de acceder a la información y el conocimiento; pero no ha de significar que el pensamiento crítico y el buen hacer en esta profesión quede a un lado.

Defendemos un medio de comunicación, pero por encima de todo, la ética y la profesionalidad de un periodista. El quinto poder, el que está en manos del ciudadano, que aporta su saber en la red, no está al margen. Sin embargo, al igual que requiere respeto, está en nuestras manos hacer un buen uso y una crítica constructiva. Con sólo el equilibrio de todos estos factores se podrá hablar de democratización.